Alejandro Magno


Alejandro e Isócrates

Los sistemas ideológicos en que están inmersos los seres humanos determinan sus comportamientos, sean estos coherentes o no. No vamos a aproximarnos en absoluto a la ideología Alejandro de forma global. Sí que será una aproximación fraccionada, inconclusa; hemos elegido las imágenes que nos ofrece de ella su contacto con los filósofos de su época. La conquista del imperio Persa, está animada, por las ideas de Isócrates (-436/- 338),se trata de una “cruzada” panhelénica, que debe tener como base la unión de todos los griegos. Filipo, toma estos principios como inamovible base de sus acciones. En principio esas serán las ideas del joven embajador Alejandro cuando hace su entrada en Atenas después de Queronea. En principio Isócrates pretendía regenerar el tejido social griego, mediante la consolidación de una cultura que creía superior. La educación de las nuevas generaciones se volvía fundamental sobre la base de la cultura griega común, para ello era preciso que Atenas se convirtiera en fuerza hegemónica. La misión histórica que Atenas debía llevar a cabo era doble, de una parte unificar Grecia y de otra vengar los continuos agravios que los Persas habían producido a lo largo de la historia. Esto llevaba consigo la liberación de todas las ciudades griegas en dominio de los persas: las ciudades griegas de Asia Menor. Al final de sus días esta esperanza había muerto, al menos, el que Atenas lo pudiera llevar a cabo. El dinero Persa compraba voluntades. Isócrates no era un utópico al modo de Platón. Era un pensador con los pies en el suelo, y su nacionalismo panhelénico pronto se materializó en Filipo II, con el que mantuvo activa correspondencia. El plan estratégico de Filipo en Grecia y sus futuros planes en cuanto a Persia se alimentarán de las ideas de Isócrates: “ Tú eres el único que ha recibido de la fortuna el poder de enviar embajadores a quien tu quieres, de recibir a quien te place, de decir lo que juzgas útil, además de que posees una riqueza y un poder que ningún griego puede alcanzar, necesarios para lo que diré. Te aconsejo establecer la unión entre los griegos y emprender la expedición contra los Bárbaros; hacia los griegos la persuasión es útil, hacia los persas conviene la fuerza. (...) Digo que es preciso que seas el benefactor de los griegos, el rey de los macedonios, el amo del mayor número posible de bárbaros.” (Isócrates, Filipo, 15 y 154). Pero como todas las ideas éstas tienen un génesis y un fin. No cabe duda que las ideas de Isócrates, compartidas por Aristóteles, son la culminación de la justificación imperialista que animaba al estado macedonio. Cuando hablo de imperialismo, no quiero decir otra cosa que creación de un imperio a partir de otros pueblos ajenos al propio estado macedonio. Mario Vegetti, realiza un exhaustivo estudio sobre el pensamiento científico en la Antigua Grecia, e ilumina el momento en que se produce un cambio que considero fundamental a la hora de elaborar una justificación de este imperialismo al que nos referimos (Los orígenes de la racionalidad científica, Mario Vegetti , 1979). La historia es larga. En principio cabe destacar que para Heráclito, Parménides, y los pitagóricos la humanidad es diferenciada. Lejos queda ésta de la concepción de Anaxágoras para el que el hombre se ha hecho inteligente gracias a la práctica de las manos, es decir, a su intervención en la naturaleza. Anaxágoras se nos antoja un precursor de Federico Engels y por extensión, un Darwinista, en lo que a la evolución del hombre se refiere. Aristóteles “pondrá esto en su sitio” dándole la vuelta, al hombre le han sido dadas las manos porque es inteligente y, por tanto, capaz de utilizarlas. En la línea de la humanidad diferenciada, por tanto en la justificación de la opresión de otros hombres, encontramos a Platón y reprozduco aquí un texto que no tiene desperdicio: “Quienes no sean capaces de participar en un modo de vida valiente y sabiamente pacífico y de todo aquello que lleve a la virtud, sino que se inclinen hacia el ateísmo, el desajuste, la injusticia de la violencia de una naturaleza malvada, éstos sean pues considerados a muerte, al exilio, a la pena de máximo deshonor (...), y aquellos que se jactan de la ignorancia y de la vulgaridad los someta al yugo y los incluya en el género a que pertenecen los esclavos (Político , 308 . Platón) De acuerdo con esto Isócrates, en torno al logos-pensamiento, hace una gradación entre lo animal y lo humano, entre lo griego y lo bárbaro. Los atenienses, dice, sobresalen “en aquellas dotes por las cuales la naturaleza humana supera a los demás animales y la raza griega a los bárbaros: puesto que, por lo que respecta al pensamiento y a la palabra poseen una educación superior a los demás”. Décadas antes un texto hipocrático recogía que los bárbaros eran inferiores porque no eran dueños de si mismos, mientras que los griegos eran libres. Es evidente que este pensamiento no convenía a la nueva realidad política. Y se entiende también que el ideal de “verdadero hombre” se correspondiera con los ejércitos invasores del Asia comandados por Alejandro. Alejandro, el rey filósofo, donde la paideia cobraba todo su sentido. Alejandro “traicionará “ todas estas ideas en la medida en que construye un estado Universal sobre tres continentes. El será señor de griegos y persas, y la nobleza persa será igualada a la macedonia. Los soldados griegos a los persas. Pero esto vale no sólo para los Persas, en Egipto, trato al clero egipcio que lo encumbra como dios, en Sogdiana –donde se casa con Roxana-, en la India, donde trata a Poro con dignidad y reconoce la filosofía y el pensamiento indio. Por ultimo con el discurso de Opis y las bodas de Susa. Alejandro para sus detractores se convierte en un loco, un degenerado, un traidor. Pero lo que vemos es un cambio ideológico profundo. Que tiene como meta la consolidación no de una ideología de conquista sino de dominio del nuevo estado universal que acaba de crear. Este pensamiento nuevo no se lo aporta ningún filósofo anterior, lo crea él mismo. Y eso le da su genialidad. Quiero recalcar aquí, algo que es evidente. Alejandro no acaba con el sistema esclavista. Pero tampoco utiliza los argumentos que le han dado los filósofos anteriores para hacer esclavos a todos los pueblos conquistados. En ese sentido es más moderno y magnánimo que sus precursores. Y, por descontado, más moderno que sus sucesores, y metemos aquí también a los romanos, herederos directos de su idea de imperio.
José Luis Parra

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